Como bien sabéis, me encantan el trail, la naturaleza y la Historia, por ello empiezo todas mis rutas en el castillo de Puñonrostro, en Torrejón de Velasco y, siempre que puedo, busco vestigios históricos y monumentos, en los recorridos que hago.

En el caso de Cercedilla, pueblo madrileño enclavado en la Sierra de Guadarrama, esto tiene un especial significado, ya que a un entorno natural exuberante, une los restos de una calzada romana milenaria, que nos permite viajar en el tiempo y tomar conciencia de ese pasado, ora glorioso, ora dramático, que nos ha ido moldeando como pueblo y como sociedad. La mayoría de las veces a sangre y fuego.

Cercedilla tiene muchas ventajas a la hora de disfrutar de la montaña. Conectada con la capital por la red de cercanías y, además, disponiendo, a la entrada del pueblo, de un aparcamiento subterráneo, vigilado y gratuito. Además de tener una ubicación privilegiada en plena Sierra de Guadarrama.

Pueblo de gran vitalidad y cuna de los hermanos Fernández Ochoa, Francisco y Blanca, que adornaron con sendas medallas (oro y bronce, respectivamente), el palmarés del olimpismo español.

He tenido la suerte de hacer muchas rutas desde Cercedilla, subiendo picos aledaños a la población (La Peñota, La Peña del Águila, El Montón de Trigo …). Pero en esta ocasión quise vertebrarla transcurriendo por una vía llena de historia, la calzada romana que unía Segovia con la población actual de Collado Mediano, y cuyo inicio desde Cercedilla, está muy cercano a la estación de cercanías. Construida en tiempos del Emperador Vespasiano, en el S. I. Posteriormente reformada por Felipe V, el primero de los Borbones, en el primer tercio del S. XVIII, al tiempo que construía su propia calzada. De hecho, muchos de los tramos que la gente cree romanos, son realmente borbónicos.

Por la ruta XXIV asciendo hasta el puerto de la Fuenfría, pasando por el área recreativa de Las Dehesas, el puente de Enmedio (de origen romano), y por la confluencia con la calzada Borbónica.

Desde el puerto de la Fuenfría y ya abandonando la calzada romana (o más bien la borbónica), le doy una vuelta de tuerca a la dificultad de la ruta (bastante cómoda y accesible hasta entonces) y comienzo a ascender el cerro Minguete. A partir de aquí se vuelve más exigente el recorrido, con una ascensión más vertical y por senda. No es especialmente larga y merece la pena el esfuerzo. La panorámica es impresionante. Desde su punto más alto podemos contemplar toda la alineación montañosa que forma la Mujer Muerta. El mismo cerro Minguete es parte de esta formación única de la Sierra de Guadarrama, junto con EL Montón de Trigo, La Pinareja, el Pico del Oso y el Pasapán. Todas ellas cotas de más de 2000 m. sobre el nivel del mar. Pero no sólo son estos gigantes los que se pueden divisar desde cerro Minguete, ya que si giramos nuestra mirada hacia nuestra espalda, según veníamos subiendo, nos encontramos con Los Siete Picos, el collado Ventoso y más allá, La Bola del Mundo.

Nuevo descenso hacia la pista y, apenas recuperando un poco, ascenso a la Peña del Águila. La panorámica desde allí no es menos impresionante que la descrita en cerro Minguete. A gran parte de lo anterior, unimos la cercanía de La Peñota. Esta parte de la ruta y con los kilómetros ya acumulados, queda para los más “cafeteros”. Y, además, queda la parte que a mí, personalmente, más me gusta. El descenso vertiginoso hacia Cercedilla.

Espero que os animéis a conocer esta zona, los que no la conozcáis y los que ya disfrutáis de ella, no dejéis de volver y seguir descubriendo nuevos rincones. Ninguna visita a la montaña es igual que la anterior, aunque hagamos el mismo recorrido (que ya es difícil repetir con la cantidad infinita de combinaciones que hay …), siempre encontramos cosas diferentes.

UN SALUDO PARA TODOS!!!

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